Comunicación, desarrollo y salud

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Comunicación, desarrollo y salud

Comunicación, desarrollo y salud

La salud pública en Latinoamérica enfrenta desafíos constantes como sistema de educación y prevención, cobertura, calidad de la atención y mecanismos de control ciudadano del sistema privado; estos asuntos se extienden a la gestión profesional de la comunicación.

Este panorama  se inscribe dentro de problemas sociales y culturales estructurales y una nueva cuota de sensibilidad hacia la violencia doméstica; conductas asociadas a las  enfermedades crónicas y la pobreza que recae  especialmente sobre el  niño y la mujer.

El sistema sufre el estrés del manejo de la emergencia social-sanitaria que debe lidiar con situaciones extremas  como epidemias y catástrofes producto del cambio climático; que requieren de capacidades y niveles de organización que aún no se han alcanzado. Estos fenómenos señalan la necesidad de una mejora del control social y medioambiental mediante políticas que integren perspectivas de salud pública.

La comunicación en salud, la prevención y la asistencia está muy lejos  de la visión integral y progresista de la “Carta de Otawa” de 1986 para la promoción de la Salud.   Aún representa un desafío avanzar en un concepto positivo y participativo de salud que resulte ordenador de la institucionalidad vinculada y que le pertenezca a la población en general. La Carta define la salud como “fuente de riqueza para la vida cotidiana”. De esta manera, toma una forma  personal, comunitaria y adopta una representación nacional simbólica.  La comunicación es capaz de  facilitar el cambio participativo y el conocimiento para ganar autonomía y resiliencia. Es posible crear nuevos activos sociales y capacidades que den lugar a actitudes y prácticas que empoderen a las personas y las animen a actuar en mejora de la salud en las comunidades y las familias.

Las representaciones simbólicas y la salud

La salud se encuentra en función de las oportunidades que crea una sociedad para sí, y de cómo mitiga la coyuntura de su entorno. Latinoamérica es un continente de ciudades que requieren recursos, competencias y aptitudes de salud muy particulares en el nivel personal y comunitario.

La dimensión vivencial social cuenta con una experiencia de salud y una representación simbólica que se articula con las “vidas globalizadas” en términos políticos, científicos y prácticos que nos presenta Internet, los medios y las redes sociales. Éstas y las identidades imaginadas, así como los modos de producción asociados a la “aldea global” compiten con las relaciones del mundo offline y su organización. Lo anterior puede debilitar la acción comunitaria. A su vez, el trabajo remoto significa la desvinculación formal a los sistemas sociales de salud laboral, seguridad y aportes previsionales que comprometen la sostenibilidad.

El consumo cultural sugiere nuevos estilos de vida saludables, pero también compromete la reproducción de modos de vida tradicionalmente sustentables. De una manera u otra, se induce al aislamiento y sedentarismo personal, la desvinculación comunitaria y la apatía socio política.

Para los ciudadanos es difícil contar con  discernimiento y autoridad ante los intereses antagónicos del mercado, el Estado, la comunidad y los conflictos de elevada complejidad

Disciplinas en crisis

El rol del agente de salud como mediador familiar, comunitario y social requiere siempre de apoyo multidisciplinar, de soporte en redes técnicas y herramientas educativas virtuales y presenciales que faciliten los cambios. En ánimo de priorizar se subraya un aspecto que localmente resulta determinante: las disciplinas asociadas a la salud se hallan en crisis de interconexión social.  El sistema está de espaldas a la educación y por tanto es infructuoso el impulso del cambio y desarrollo social sostenible.

La promoción de la salud consiste en proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma. Para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata por tanto de un concepto positivo que acentúa los recursos sociales y personales así como las aptitudes físicas. Por consiguiente, dado que el concepto de salud como bienestar trasciende la idea de formas de vida sanas, la promoción de la salud no concierne exclusivamente al sector sanitario.

Una buena salud es el mejor recurso para el progreso personal, económico y social y una dimensión importante de la calidad de la vida. Los factores políticos, económicos, sociales, culturales, de medio ambiente, de conducta y biológicos pueden intervenir bien en favor o en detrimento de la salud. El objetivo de la acción por la salud es hacer que esas condiciones sean favorables para poder promocionar la salud.” Extracto de la Carta de Ottawa.

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