Blog Archive

Home
Filter by: Florencia Enghel

Acerca de…

Florencia Enghel es candidata a doctora en Comunicación y Medios en la Universidad de Karlstad, Suecia, y Magister en Comunicación para el Desarrollo (Universidad de Malmö, Suecia). Desde el 2010 es una de las Vice-Coordinadoras de la Sección “Investigación de la Comunicación Participativa” de la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social (AIECS-IAMCR).

Entre 1996 y 2005 se desempeñó como editora en jefe del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Desde el año 2005 es editora de “Glocal Times”, publicación en línea sobre comunicación para el desarrollo de la Maestría en Comunicación para el Desarrollo de la Universidad de Malmö. De 2006 a 2008 fue directora de publicaciones del International Institute for Democracy and Electoral Assistance (International IDEA). En 2010 coeditó con Thomas Tufte la antología “Youth Engaging with the World: Media, Communication for Social Change”, y en 2012 coeditó con Kain Wilkins “Mobilizing Global Communication: For What and For Whom?”, una edición especial de la revista académica Nordicom Review.

¿La comunicación para el cambio o el desarrollo?

Dice Florencia “En su conferencia, Juan Díaz Bordenave, comunicador paraguayo importantísimo para la historia de la comunicación para el desarrollo en Latinoamérica, decía algo que es importante y que comparto: ‘cambio social’ es una referencia neutral, puede ser positivo o negativo y, en ese sentido, decir comunicación para el cambio social es ser políticamente correctos. El concepto de ‘desarrollo’ es un concepto complicado que implica una larga historia de debates teóricos y de intervenciones concretas, algunas positivas y algunas negativas, por eso siempre está el asunto de explicar cómo lo definís antes de decirlo, para no quedar del lado equivocado de la cancha.

Yo creo que no hay que abandonar por completo las referencias a la ‘comunicación para el desarrollo’, porque eso implicaría obliterar la historia del campo de investigación y de acción. Probablemente debiéramos estar diciendo ‘transformación social’ que es más entendible dentro de ciertas tradiciones políticas. Yo, en principio, estoy queriendo moverme hacia ‘comunicación para la justicia social’. No es una expresión que pueda usar livianamente en Argentina, porque allí decir justicia social es sinónimo de peronismo, y no es precisamente eso lo que quiero decir. Es la justicia en el sentido utilizado por la cientista social Nancy Fraser lo que me preocupa.

Entrevista a Florencia Enghel

Comunicación como un derecho

¿Cuál es su línea de investigación?
Estoy haciendo mi doctorado en Comunicación y Medios en una universidad sueca y el área de investigación tiene que ver con la relación entre la comunicación, la ciudadanía y el cambio social. Quiero tratar de entender, a partir de un caso concreto, qué formas de comunicación y qué formas de uso de los medios permiten crear situaciones de mayor presencia ciudadana. Busco comprender un poco mejor hasta qué punto y en qué maneras, específicamente, la comunicación puede jugar un rol en promover transformaciones sociales que tienen que ver con la justicia y con la equidad.

Cuando habla de ciudadanía ¿Cómo la define? 

Eso es un tema que todavía no está resuelto. Hay muchas definiciones de ciudadanía y sobre todo ahora existe un intenso debate sobre si la ciudadanía debiera pensarse en relación con lo nacional o en relación con lo global y trasnacional. En principio, me importa la comunicación como un derecho. Eso tiene que ver con la existencia de leyes y cómo las leyes se aplican en los territorios nacionales. Estoy pensando en formas de ciudadanía que tienen que ver con la persistencia de lo nacional en el contexto de la globalización.

¿Cómo baja esa idea al trabajo de campo?
Estoy investigando un caso que tuvo lugar hace unos años atrás en la ex-Yugoslavia, en los Balcanes. Es una investigación difícil porque no manejo los idiomas -y esto tiene que ver con vivenciar desde la práctica concreta el rol del comunicador para el desarrollo como experto que llega desde afuera y que tiene que acomodar un montón de elementos que desconoce.

El caso es un proyecto llamado “Videocartas” que empezó a operar en el ‘99 y siguió en funcionamiento en la región hasta 2005. Comenzó como un proyecto de serie documental para la televisión holandesa, pero tocó algún ‘nervio’ social, alguna necesidad que iba más allá del marco del proyecto, y ello implicó que se generara todo un dispositivo comunicacional que abarcó no solo el video, sino algún desarrollo en internet, y muchas formas de presencia en el campo: llevando y trayendo videos, proyectando videos en espacios públicos, hablando con la gente, negociando con los medios, etcétera. Este caso me va a permitir explorar la pregunta ¿hasta qué punto la comunicación puede promover reconciliación entre partes en un conflicto de gravedad?

¿Por qué optó por este tema y este caso en particular?
El de la comunicación en situaciones de conflicto social es un tema que me interesa desde hace años. Y el de las “Videocartas” es un caso bastante singular, iniciado por una pareja de documentalistas, no por comunicadores para el desarrollo ni ninguna agencia internacional de las que usualmente pone en marcha este tipo de proyectos. Había un interés artístico y cultural, más que una intención planificada, aunque sí había una clara preocupación social. Como consecuencia, el caso se fue desplegando de una manera bastante única. Y hay quienes opinan que cuanto más peculiar es el caso elegido, más posibilidades de que te proporcione información que de otro modo se perdería de vista.

¿Cuál es la metodología que va a utilizar?
Es una investigación cualitativa. Para trabajar el estudio de caso voy a usar entrevistas y grupos de discusión. Probablemente experimente con investigación a partir de internet de manera más etnográfica, pero eso está en veremos.

La investigación comenzó hace unos meses, y planeo avanzar con entrevistas en la ex Yugoslavia, entre agosto y setiembre. Luego dedicar unos meses a desgrabar, transcribir y analizar. Seguramente volver al campo en el 2013 para ajustar alguna tuerca que me haya quedado suelta. La idea es apuntar a terminar a principios de 2014.

En su ponencia, presentada en el congreso de ALAIC, hablaba de ‘diferentes’, ‘desiguales’ y ‘desconectados’. ¿Quiénes son?

Esa es una expresión de Néstor García Canclini. Es el título de un libro que se publicó por primera vez en 2004 y re-editado en el 2006. Es una expresión suya que yo entiendo como un esfuerzo de tratar de abrir el espectro de los problemas en los que la comunicación tendría que estar atendiendo a fin de generar equidad y justicia.

Las desigualdades -si es que lo estoy entendiendo bien a García Canclini- tienen que ver con desigualdades materiales; las diferencias tienen que ver con falta de reconocimiento (político, social y demás); las desconexiones tienen que ver puntualmente con las maneras en que Internet y el acceso a lo digital y a las tecnologías de última generación se siguen organizando de maneras que dejan a muchos afuera.

¿Cómo se conectan estos conceptos en su investigación?
Desde la comunicación para el desarrollo es fundamental pensar cómo se puede alimentar el diseño y la puesta en marcha de políticas públicas. En ese sentido, la investigación académica tiene un rol a cumplir. Como investigadora, yo debo hacer un esfuerzo por tratar de pensar en qué maneras puntuales los resultados de su trabajo pueden servir a quienes gobiernan y al ciudadano común, y traducir los resultados de la investigación de manera que sean entendibles y utilizables para muchos, más allá de la academia.

Acaba de nombrar las políticas públicas ¿Cuál sería el rol del Estado en políticas para el cambio social o desarrollo?
Esa es una pregunta enorme y me excede: debiéramos discutirla colectivamente. Es complicado el asunto del rol de los Estados en un punto en que muchos de los intercambios económicos se han trasnacionalizado. Para mí los Estados debieran proteger a sus ciudadanos y proporcionarles las mejores condiciones de vida posibles. Y la economía debiera organizarse en función de eso, y no a la inversa.