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Empresario–Emprendedor, la primera edición de un programa de mentoría que ya lleva quince años

28 oct
8 min de lectura
Entre octubre de 2010 y diciembre de 2011 un equipo de cuatro integrantes de Grupo Pértiga, entre ellos Diego Tarallo, trabajó con la Cámara de Industrias del Uruguay en el diseño metodológico y la puesta en marcha de la primera edición del Programa Empresario–Emprendedor, que junta a empresarios con trayectoria y a personas que están arrancando su empresa. Armamos el método de acompañamiento de las duplas, las facilitamos durante ocho meses y evaluamos el proceso con la Cámara. Quince años después el programa sigue en pie con la misma lógica y socios en el interior del país. Esta es la historia.

Por qué juntar a un industrial con alguien que empieza


En 2010 quien emprendía en Uruguay encontraba incubadoras, concursos, capacitación y una red de instituciones de apoyo, la Red Emprender. Le costaba mucho más conseguir algo que no se enseña en un curso, sentarse con regularidad con alguien que ya armó un equipo, salió a vender, construyó una marca y sostuvo una empresa en el tiempo. La industria, por su parte, tenía empresarios dispuestos a compartir esa experiencia y pocas formas organizadas de hacerlo.


El Centro de Gestión Tecnológica de la Cámara de Industrias y la Asociación de Jóvenes Empresarios, con el apoyo del Programa Emprender y financiamiento del BID a través del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), propusieron el Programa Empresario–Emprendedor para acercar esos dos mundos. El modelo venía de un piloto exitoso de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Paraguay, que había promovido su réplica en otros países, y en Uruguay se adaptó a la realidad de las empresas locales. La idea se enuncia en una línea y exige mucho en la práctica, porque una relación de mentoría necesita un propósito, una agenda y alguien que ayude a sostenerla cuando el entusiasmo inicial baja.


Qué era el encargo


A fines de 2010 la Cámara convocó a Grupo Pértiga para la coordinación metodológica y la facilitación de la primera edición. Los términos de referencia pedían definir, junto con el Centro de Gestión Tecnológica, elementos de la metodología del programa y producir los documentos de su ejecución, desde las actas de las reuniones hasta los informes. Diego Tarallo propuso encararlo como trabajo de la firma y lo definió desde el comienzo como un programa de mentoría en la práctica. El trabajo lo hizo un equipo de cuatro integrantes de Grupo Pértiga que se repartió las duplas; Diego facilitó varias de ellas y creó la marca E+e con la que se identificó la edición. La Cámara llevó la convocatoria, la logística, la asignación final de las duplas y la relación con las instituciones socias.



Cómo lo hicimos


En enero de 2011 armamos la propuesta metodológica y la discutimos en el equipo antes de presentarla. Dos preguntas ordenaron esa discusión.

  1. La primera era por qué un empresario dedicaría horas a un emprendedor que no conoce, si la respuesta no pasaba por el dinero y la responsabilidad social sola no alcanzaba para convencerlo; la encontramos en el desafío de volver a pensar un comienzo y en el gusto de transmitir lo aprendido.

  2. La segunda era cómo formar duplas que funcionaran, sabiendo que en la mentoría, como en la inversión ángel, prosperan los vínculos que las partes eligen. Por eso pensamos el armado de las duplas como un matchmaking.


Antes del lanzamiento los empresarios recibieron una ficha resumida de cada emprendimiento inscripto. El lanzamiento, en febrero de 2011, fue un desayuno de trabajo en el Club de los Industriales con rondas de networking guiado entre empresarios y emprendedores. Al terminar, cada participante expresó sus preferencias, y en ellas se combinaban dos razones, las capacidades que el emprendedor buscaba en un mentor determinado y el trato personal que había sentido en la conversación. Con esas preferencias la Cámara asignó las duplas a principios de marzo.


Algunas juntaron a dos personas del mismo rubro y otras no; a un emprendimiento con carencias en distribución, por ejemplo, lo acompañó un empresario del área logística. A las que no se habían conocido en el lanzamiento les dimos una primera reunión más larga, para que ese conocimiento mutuo tuviera tiempo de aparecer.

Cada dupla arrancaba con una reunión de puesta en común. El emprendedor llegaba con una ficha de autoevaluación, trabajábamos un FODA del emprendimiento, alineábamos lo que esperaba cada parte y con eso se escribía un plan de trabajo con objetivos y herramientas para alcanzarlos. Después venían reuniones mensuales, con una meta de ocho por dupla que fijaba el financiador, cada una con un integrante del equipo como facilitador. Muchas reuniones se hacían en la Cámara y otras en las propias empresas. Nuestro papel era cuidar que la conversación entre empresario y emprendedor se convirtiera en tareas, registrar lo acordado y volver sobre el plan, tratando de ser lo menos invasivos posible.


El trabajo en duplas se completó con dos talleres grupales. El primero, en junio, abordó la marca, con una exposición de Diego Tarallo sobre su desarrollo desde el marketing y la comunicación y otra de la Dirección Nacional de la Propiedad Industrial sobre su protección, porque en la mayoría de los emprendimientos habíamos visto carencias en el tratamiento de la marca. El segundo lo diseñó Diego a partir del tema que votaron las duplas. Se llamó «Esta marca es mía», propuso una experiencia lúdica de construcción y deconstrucción de marcas frente a la competencia, sumó a un publicista invitado y se abrió a emprendedores de la Red Emprender y a jóvenes empresarios.


A mitad de camino aplicamos una evaluación intermedia a emprendedores y empresarios. Para el cierre acordamos con la Cámara una dinámica que retomaba el FODA y las expectativas del primer encuentro, repasaba los resultados esperados y los que nadie había previsto, y terminaba definiendo qué quería seguir recibiendo el emprendedor y qué estaba dispuesto a seguir dando el empresario. Cada dupla cerró con un informe que documentaba el método, los resultados, los desvíos y las lecciones aprendidas; Diego escribió los de las duplas que acompañó hasta el final, y la Cámara elaboró con esos informes el balance de la edición.


Lo que dejó la primera edición


Después de ocho meses de trabajo, el programa cerró el 10 de noviembre de 2011 con un encuentro en el Club de los Industriales donde los protagonistas contaron su experiencia. Las Crónicas de la Cámara resumieron la edición en cifras. Catorce duplas iniciaron el programa, doce lo terminaron y diez cumplieron el cronograma que se habían planteado, con 96 reuniones de trabajo y dos talleres grupales. Según aclaró la Cámara a El Observador, las dos que se bajaron lo hicieron porque el emprendedor no pudo seguir; la relación con el empresario había funcionado. Entre los resultados de las duplas la Cámara destacó la definición de habilidades de dirección, la planificación a corto y mediano plazo, ventas surgidas de los contactos y las visitas generadas, una red de contactos, estrategias de comunicación definidas y registros de marca.


La experiencia salió en el suplemento Café & Negocios de El Observador, que informó que la facilitación estaba a cargo de Grupo Pértiga, y en las Crónicas de la Cámara. Uno de los empresarios participantes recomendó públicamente el trabajo de Diego Tarallo como facilitador.



Lo que siguió


La señal más clara llegó al año siguiente. La segunda edición, en 2012, con un nuevo convenio con el BID y el FOMIN, reunió doce duplas y la facilitaron equipos de la propia Cámara y de la Asociación de Jóvenes Empresarios. El método había quedado en las instituciones. Hoy el programa tiene sitio propio, lo coordina la Cámara de Industrias y presenta los resultados de su decimoquinta edición.


Lo que sigue


Sigue la idea de que alguien con trayectoria empresarial acompañe a un emprendimiento, con una persona facilitadora en el medio, un plan escrito con objetivos y talleres grupales para los temas comunes. La hoja de ruta conserva la lógica de fortalezas, debilidades y oportunidades del FODA con que arrancaba cada dupla. También sigue la secuencia que armamos en 2011, con una primera reunión para alinear expectativas y roles, encuentros periódicos con registro de lo acordado y una reunión de cierre para evaluar resultados y definir próximos pasos. El manual para personas facilitadoras que la Cámara publicó en noviembre de 2025 describe ese rol con tareas muy parecidas a las que cumplíamos entonces, abrir el espacio de diálogo, orientar el avance según el plan y registrar acuerdos y aprendizajes, sin dirigir el contenido ni ocupar el lugar de los protagonistas.


Lo que se modificó


Cambiaron las herramientas, la formación y el acompañamiento. El empresario pasó a llamarse mentor y recibe formación en mentoría, eventos de networking y un manual propio. La persona facilitadora tiene el suyo, con un plan de acción como mapa del proceso, minutas de cada encuentro y un «diario de viaje» para la evaluación final. La dupla se presenta como una tríada de mentor, equipo emprendedor y persona facilitadora, y el emparejamiento cruza el perfil del mentor con las áreas que el emprendimiento necesita fortalecer, donde en 2011 partía de las rondas cara a cara del lanzamiento. Los ocho meses de reuniones mensuales pasaron a cuatro meses de encuentros quincenales, presenciales o virtuales, en dos fases de formación y mentoría. La convocatoria, con postulación en línea y bases públicas, se concentra en micro y pequeñas empresas industriales o de servicios conexos, formalizadas y con ventas.



Lo que evolucionó


Crecieron la escala y la red. El programa pasó de una cámara empresarial y una asociación de jóvenes empresarios a un esquema con la Incubadora Gepian, la Agencia de Desarrollo Económico de Florida y la UTEC, financiado por la Agencia Nacional de Desarrollo y con alcance en el interior del país. Cada edición publica los emprendimientos que acompaña, veinticuatro en 2024 y doce en 2025, y sus resultados con indicadores como las metas cumplidas, los emprendimientos liderados por mujeres y los departamentos alcanzados. La marca E+e de 2011 dio paso a la identidad actual del programa, que conserva el azul y el verde de entonces.


Lo que aprendimos


La primera edición nos dejó cinco aprendizajes que seguimos aplicando en programas de acompañamiento.


  1. Una dupla funciona cuando las partes se eligen. Las rondas y las preferencias del lanzamiento mostraron que esa elección junta dos cosas que un formulario no capta, las capacidades que el emprendedor busca en un mentor y el trato personal con esa persona. Cuando faltó el encuentro cara a cara, la primera reunión tuvo que hacer ese trabajo y necesitó más tiempo.

  2. El empresario se suma por el desafío de volver a pensar un comienzo y por el gusto de transmitir lo que aprendió. Al cierre, la Cámara y los propios empresarios agregaron otra razón, devolverle a la sociedad lo que les dio, con el reconocimiento entre pares que eso trae. Ninguna pasa por el dinero, y la convocatoria tiene que hablarles a todas para que alguien que dirige una empresa reserve horas todos los meses.

  3. La marca es un punto débil frecuente en los emprendimientos que empiezan. Fue la carencia más repetida en esa edición, por eso el primer taller la trabajó desde el marketing, la comunicación y su protección legal, y cuando las duplas votaron el tema del segundo, la marca empató con la internacionalización y decidimos profundizarla con una experiencia práctica frente a la competencia.

  4. Contar reuniones no mide el aprendizaje. La meta de ocho encuentros por dupla ordenó el trabajo, y cuando el calendario se achicó al final Diego Tarallo propuso informar lo que había pasado en cada dupla y sacar recomendaciones antes que forzar reuniones para llegar al número.

  5. Crear capacidades y autonomía es desarrollo de talento, institucional y social. Cada dupla cerró acordando cómo seguir por su cuenta, las instituciones del programa facilitaron por su cuenta la segunda edición y hoy el programa forma mentores y personas facilitadoras con socios en distintos departamentos del país. Es el resultado que más valoramos.



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