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De Toastmasters a Knowmads Teammasters, una tradición centenaria puesta al día

28 oct
8 min de lectura
Desde 2014, Grupo Pértiga sostuvo Toastmasters Montevideo, un club abierto de oratoria y liderazgo, y con esa experiencia puso en marcha el club Toastmasters de Sabre dentro de la empresa. De ese recorrido nació Knowmads Teammasters, donde integramos aquel método, lo simplificamos y lo llevamos a la cultura de trabajo actual, con una mirada más amplia sobre la carrera y la formación de las personas.

Por qué un club de oratoria


En Grupo Pértiga acompañamos a líderes que emprenden transformaciones, y casi todas se juegan en conversaciones. Alguien tiene que animarse a proponer, y el resto tiene que escuchar con atención antes de decidir. Esa capacidad se entrena con práctica frecuente, en un lugar donde equivocarse no cuesta caro y la devolución llega con respeto y a tiempo.


Toastmasters ofrece ese lugar desde hace más de cien años. Cuando lo conocimos vimos un método probado para que las personas ganen confianza al hablar en público y aprendan a liderar haciéndolo, entre pares. Traerlo a Montevideo fue además una forma de compartir conocimiento, que para nosotros es una de las mejores maneras de hacerle bien al equipo y a la comunidad, y fue el primer paso de un camino que hoy sigue en Knowmads Teammasters.



Una tradición que empezó en el sótano de una YMCA


Toastmasters nació el 22 de octubre de 1924 en Santa Ana, California. Esa noche Ralph C. Smedley, secretario general de la YMCA local (la ACJ, como la conocemos en Uruguay), reunió a unos veinticinco hombres en el sótano del edificio y les explicó cómo iba a funcionar el club. Años antes, como director de educación de la YMCA de Bloomington, Illinois, había visto que mucha gente necesitaba aprender a hablar en público, conducir reuniones, planificar actividades y trabajar en comisiones.


Smedley había creado clubes parecidos en otras ciudades, y se disolvían cada vez que lo trasladaban. En Santa Ana se quedó durante años, y el club se quedó con él. Al poco tiempo los pueblos vecinos ya le pedían ayuda para abrir los suyos.


Hoy Toastmasters International es una organización educativa sin fines de lucro con sede en Englewood, Colorado, que reúne a más de 265.000 personas en más de 13.800 clubes de casi 150 países. Su programa educativo empezó como un folleto de consejos escrito por Smedley y es ahora una plataforma digital de rutas de aprendizaje llamada Pathways. En los años en que trabajamos con los clubes de Montevideo, el recorrido se organizaba en los manuales de Comunicador Competente y Líder Competente.


Cómo se aprende en una reunión


Cada reunión la conducen las propias personas del club, que rotan los roles de un encuentro a otro. Quien hace de Toastmaster del día presenta a cada participante y lleva el hilo. Dos o tres integrantes dan discursos preparados, cada uno con un objetivo del manual, empezando por el Rompehielos, en el que cada quien se presenta ante el grupo. Para cada discurso hay una persona evaluadora que devuelve, en pocos minutos, qué funcionó y qué conviene mejorar.


Hay también un tramo de improvisación, en el que quien coordina los temas lanza preguntas que se responden sin preparación. Otros roles cuidan la calidad de la conversación, como el control del tiempo, el registro de las muletillas o la palabra del día que se propone para enriquecer el vocabulario. Al cierre, la evaluación general mira la reunión completa y señala lo que el club puede hacer mejor la próxima vez.


El liderazgo se aprende de la misma manera, ejerciéndolo. El club se gobierna con una junta de siete oficiales (presidencia, vicepresidencias de educación, membresía y relaciones públicas, secretaría, tesorería y sargento de armas) que se renueva cada año. Organizar las reuniones o recibir a quienes llegan por primera vez son responsabilidades concretas, y por eso forman parte del aprendizaje.


Lo que sostiene todo es la cultura de la devolución. Se evalúa para ayudar, siempre con algo para reconocer y algo concreto para mejorar, y eso convierte al club en un lugar seguro para animarse.


Llevarlo a la empresa como un núcleo de entrenamiento


Un club abierto reúne a personas que llegan por su cuenta. Dentro de una empresa el punto de partida cambia, porque el grupo comparte jefaturas, metas y clima de trabajo, y lo que pasa en el club repercute en la oficina al día siguiente. Intervenir ahí nos llevó a componer el método de Toastmasters con lo que sabemos de procesos participativos y de cambio organizacional, para que el club funcionara como un núcleo de entrenamiento.


En ese núcleo la comunicación interpersonal se trabaja en cada discurso y en cada devolución, que obligan a escuchar a colegas de otras áreas y a decirles algo útil con cuidado. El liderazgo aparece en la junta de oficiales y en los roles rotativos, donde alguien que nunca coordinó un equipo conduce una reunión con más de veinte colegas. La toma de decisiones se ejercita en sesiones de debate y de negociación, y también en la vida del propio club, que la junta gobierna con sus acuerdos. El trabajo en equipo empieza el día en que el grupo elige su nombre, su misión y su visión, y crece en un espacio de confianza que cruza áreas y jerarquías.


Para lograrlo diseñamos un acompañamiento de un año en tres fases, con nombres tomados de la jardinería.


  1. Germinación, durante el primer mes. Una reunión de sensibilización con una sesión modelo, un encuentro participativo para definir la identidad del club y su junta de oficiales, y el registro ante Toastmasters International.

  2. Crecimiento, en dos etapas de cuatro meses. Acompañamiento a la organización de cada reunión, mentoría a la junta y seguimiento del avance de cada integrante en los manuales.

  3. Florecimiento, en los últimos tres meses. Autonomía administrativa, elección de la junta del segundo año, evaluación final y metas para el año siguiente.


Todo el diseño apuntaba a que, al terminar el año, el club pudiera seguir sin nosotros.


Toastmasters Montevideo, de 2014 a 2018


Toastmasters Montevideo arrancó su primer ciclo anual en 2014, impulsado por Grupo Pértiga. Los primeros encuentros fueron en el Bar Tabaré, con Rompehielos, charlas temáticas y rondas de improvisación que iban de los lugares comunes del fútbol a un apagón. El club quedó constituido ante Toastmasters International a nombre de Diego Tarallo, que lo presidió en sus primeros años.

En cada encuentro había un trabajo que no se veía. Armábamos las convocatorias, registrábamos a quienes se inscribían y enviábamos una crónica después de cada reunión, con lo que se había dicho y los roles abiertos para la siguiente. Durante los primeros años el equipo de Grupo Pértiga se ocupó además de la administración, la logística, la membresía y la educación del club.


En octubre de 2015 reconocimos que, para hacer posible la puesta en marcha, habíamos asumido todos los roles y no habíamos sabido delegar. Propusimos que las personas del club tomaran los cargos de la junta, como prevé el método, y al día siguiente un integrante asumió la vicepresidencia y convocó al resto a repartir tareas y fijar objetivos para 2016. Desde entonces nos concentramos en lo que mejor sabemos hacer, que es la convocatoria, la comunicación y la difusión.


El club también se mudó varias veces. A fines de 2015 nos recibió el Espacio Cultural Pittamiglio, y en 2016 lo relanzamos en el World Trade Center Montevideo con una convocatoria abierta e inscripción en línea. Ese mismo año Toastmasters International reincorporó formalmente el club, y la torre del WTC fue su sede en los años siguientes.


El ciclo de 2018 tuvo diez reuniones entre marzo y diciembre y una jornada de cuatro horas en noviembre. En agosto hicimos el debate anual sobre quién debería liderar la reforma de la educación. El tema se eligió antes en una dinámica de World Café y se planteó como un ejercicio para practicar la argumentación y pensar el liderazgo en propuestas ciudadanas y de política pública. A esa reunión vino de visita el club de Sabre.


Sabre MVD Confident Speakers, el club dentro de la empresa


El pedido llegó en octubre de 2015. Recursos Humanos de Sabre para América Latina quería un club Toastmasters en su centro de Montevideo, en Zonamerica, y a la primera conversación se sumó una directora de la compañía que presidía un club en California. Nunca habían puesto en marcha uno y buscaban quién los guiara. Diego Tarallo llevó la negociación inicial, Carolina Echavarría tomó después el seguimiento y a fines de 2016 acordamos el acompañamiento de un año.


En diciembre de 2016 hicimos la reunión de sensibilización, en inglés, con unas 29 personas, y a la semana siguiente trabajamos con la junta de oficiales su misión, su visión y sus roles. El club quedó registrado ante Toastmasters International como Sabre MVD Confident Speakers, con 35 integrantes desde febrero de 2017. Ese año hubo doce reuniones mensuales en la oficina de Sabre, en inglés, conducidas por los propios integrantes y con nuestro equipo en el rol de evaluación. Además de los discursos hubo sesiones dedicadas al elevator pitch, el debate, la negociación y el pep talk, y el club se coordinó entre reuniones en su propio espacio de Slack.



Las primeras seis reuniones convocaron entre 20 y 26 personas. En la encuesta de mitad de año, las 18 personas que respondieron dijeron que disfrutaban las reuniones y que las recomendarían. Para octubre, 20 integrantes habían completado su Rompehielos y 22 habían cumplido el rol de evaluación de discursos. Una de las respuestas anónimas lo describió como «un lugar seguro, divertido, con mucho para ganar en términos profesionales y humanos».


En la evaluación participativa de diciembre de 2017 el grupo destacó que el clima había mejorado de reunión en reunión y que el espacio ayudaba a desarrollar la autoconfianza. También nos dejó una crítica valiosa, porque la metodología les resultaba muy estructurada y convenía adaptarla más a la cultura de Sabre y de eso aprendimos mucho. Otra persona valoró que el acompañamiento les había dado las bases para seguir solos, y así fue. En febrero de 2018 entregamos la evaluación y los materiales, en mayo Recursos Humanos de Sabre confirmó que el club seguía funcionando por su cuenta y en agosto sus integrantes vinieron a conocer Toastmasters Montevideo. Hasta donde sabemos, fue el primer club Toastmasters in company del Uruguay.


Lo que aprendimos


La lección más cara la aprendimos en el club abierto. Un club vive cuando sus integrantes lo conducen, y quien lo impulsa tiene que ir cediendo cargos desde el primer día. Con esa experiencia encima diseñamos el acompañamiento a Sabre, con la autonomía como meta desde la germinación.


La segunda lección vino de Sabre. Un método centenario funciona en cualquier parte, y dentro de una empresa además tiene que conversar con la cultura del lugar, con sus tiempos y su forma de trabajar. Esa adaptación es donde una consultora puede aportar más.


Knowmads Teammasters, la tradición puesta al día


Esos aprendizajes son la base de Knowmads Teammasters, el emprendimiento de Grupo Pértiga para el desarrollo de personas y equipos. El nombre Teammasters ya figuraba en la propuesta que preparamos para el segundo año de Sabre, y conserva el eco de la tradición de la que viene.


Cómo nació Knowmads Teammasters lo contamos en Una historia construida para el trabajo que viene, en su propio blog.


De Toastmasters guardamos lo esencial, que es aprender haciendo, practicar entre pares y devolver con cuidado para que la otra persona avance. Lo simplificamos, porque Sabre nos mostró que una estructura muy rígida pesa dentro de una organización, y lo llevamos a la cultura de trabajo actual, con cohortes chicas que trabajan en línea sobre desafíos reales de cada persona o equipo.


También le dimos un giro más integral. La comunicación sigue en el centro y ahora se trabaja junto con el sentido de lo que cada persona hace, su manera de avanzar y el diseño de su carrera. A eso sumamos otras herramientas, como el modelo de estilos de comportamiento y un cuaderno de trabajo personal.


Para las personas, el Bootcamp de Fundamentos reúne cohortes que practican en grupo y cuentan con acompañamiento individual. Para las organizaciones, KTM trabaja sobre desafíos reales de los equipos y forma referentes internos, los Team Masters, que sostienen el método cuando el programa termina. Es la misma meta de autonomía con la que acompañamos a Sabre.


Si en tu organización buscan un espacio para que las personas practiquen comunicación y liderazgo entre pares, o si estás en un momento de tu carrera en el que querés dar el siguiente paso, te invitamos a conocer Knowmads Teammasters.


Fuentes


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